lunes, 26 de septiembre de 2016

La Farsa del “Diseño Inteligente”. “Creacionismo, diseño inteligente y patrañas religiosas”. “Los círculos viciosos de Dios. Destrucción atea del diseño inteligente” (Revisión de publicaciones Parte II)




Creacionismo, diseño inteligente y patrañas religiosas


Publicado: Sábado, 19 Abril 2014 19:02 | 

Este artículo surge como consecuencia del debate mantenido a lo largo de dos semanas en un foro de Internet entre un grupo de creacionistas por un lado, y diversas personas contrarias a esta interpretación religiosa, quienes abordaron la cuestión desde las ciencias naturales y la filosofía. Los textos entre comillas son las argumentaciones presentadas por los creacionistas en esta discusión.

¿Qué tiene que ver la ciencia con los dioses? En principio no comparten nada en común pues una habla de hechos contrastables, conclusiones empíricas, y los otros hablan de dogmas, de fe; es como si se quisiera aplicar el método científico para demostrar la existencia del ratoncitos Pérez, cosa que por su propia lógica es totalmente irracional. Y sin embargo, en los últimos tiempos, los cristianos creyentes han desempolvado del baúl del olvido, la vieja corriente que planteaba que el universo era muy perfecto como para haber surgido sin un agente que dictara su evolución, que fuera guiando sus pasos. Esta corriente de pensamiento no es nueva, incluso no es ni original, pues ya desde el final del Imperio romano Agustín de Hipona desarrolló esta idea por medio de la retórica y la filosofía, testigo que recogerán a lo largo de la Edad Media teólogos como Tomás de Aquino o John Ray en el siglo XVII, con su libro La sabiduría de Dios manifiesta en las obras de la Creación (1691). Todas estas aproximaciones teológicas, sentarán las bases para que a principios del siglo XIX, el clérigo William Paley abordara el origen de la vida, no desde la filosofía como hasta ese momento, sino buscando pruebas de la intervención divina en el mundo de la ciencias naturales, publicando lo que se puede considerar como la verdadera biblia del moderno Diseño Inteligente, Teología natural, o evidencias de la existencia y atributos de la divinidad (1802). Como se puede apreciar, esta corriente de pensamiento es tan antigua como la misma historia de la religión cristiana; entonces, ¿por qué a finales del siglo XX resurge con una fuerza inaudita al debate científico y religioso? Para poder contestar a esta cuestión, hecho que nos permitirá comprender perfectamente el verdadero objetivo de este Diseño Inteligente, hay que tener en cuenta que esta corriente teológica, que no de otra cosa se trata, surge en los Estados Unidos en 1987, justamente como consecuencia de una serie de sentencias judiciales que prohibían la enseñanza del creacionismo como explicación del origen de la vida en el planeta Tierra pues atentaba directamente al principio constitucional de la clara separación entre Estado y Religión. Ante este hecho, el ala más reaccionaria del cristianismo, representada por los seguidores del Pentecostalismo y el Advenimiento del Séptimo Día, que habían dado lugar a distintas corrientes dentro del creacionismo como puede ser el Creacionismo de la Tierra Plana (cuenta con más de 3.500 seguidores y defiende que la Tierra es plana y ocupa el centro del universo), o el Creacionismo de la Tierra Reciente (considera que realmente la Tierra se ha creado hace unos 6.000 años y que lo narrado por la Biblia es la única verdad, incluido el diluvio y la creación del ser humano y la vida en el planeta), modifican su discurso creacionista para utilizar un lenguaje científico que les pudiera abrir de nuevo las puertas de los colegios y continuar haciendo se proselitismo entre los escolares. Esta corriente, autodenominada como Diseño Inteligente, cuyo principal representante en la actualidad es Michael Behe, se caracterizará por el empleo de un lenguaje eufemístico basado en las ciencias naturales y el desarrollo de todo un cuerpo retórico basado en pruebas parciales y descontextualizadas de la propia ciencia, todo ello para justificar que la vida no surgió de manera natural sino que fue creada por un “ente” superior.


Dios, el innombrable

Un buen seguidor del Diseño Inteligente no empleará en ningún momento el término de dios, hablando solo de un diseñador inteligente. Este eufemismo les permite nadar y guardar la ropa pues en cualquier momento pueden defender su argumentación señalando que ellos no hablan de dios sino de una fuerza externa que maneja los destinos de la vida en el planeta y que esa fuerza puede ser estudiada y explicada por medio del método científico, lo que supone abandonar el campo filosófico, terreno en donde se había desarrollado tradicionalmente el combate entre creyentes y no creyentes, para buscar el amparo de las ciencias naturales. Sin embargo, su sofisma parte de un dogma como es la propia existencia de esa fuerza externa, solo demostrable mediante un juego filosófico retórico y, por lo tanto, indemostrable por medio de pruebas empíricas. Obviamente, ellos parten de posiciones cristianas y las conclusiones de su discurso son claras: la defensa a ultranza de la existencia de dios, pero como pretenden convertir sus tesis en doctrina científica, nunca abordan lo que quieren decir con esa expresión de diseñador inteligente.

“¿Pregunta usted quién es el diseñador? Pues las evidencias científicas que poseemos hoy solamente nos sirven para indicar que posee inteligencia, es decir capacidad de concepción de sistemas complejos. No podemos saber más de Él porque la ciencia tiene sus límites. Usted me acusa a mí de no tener las respuestas que la ciencia no tiene. Y yo le respondo orgulloso que no tengo las respuestas que la ciencia no tiene”.

No deja de ser sarcástico que se utilice la ciencia como escudo para no posicionarse al respecto, sobre todo cuando, sin haber definido su existencia, sin haber podido demostrar mediante el método científico la existencia de este ser superior, ya le otorgan explícitamente la cualidad de inteligente, característica a la que hay que añadir, implícitamente, la de omnisciencia (lo sabe todo, hasta el punto de intervenir para corregir la evolución que él mismo ha creado), atemporalidad (ese supuesto ente ha existido siempre y existirá siempre, modificando a su antojo la vida), omnipotencia (todo lo puede ya que él es el creador de todo), y digo implícitamente pues nunca van a reconocer estas cualidades divinas de ese ser ya que ello supone afirmar que ese supuesto diseñador inteligente no es otra cosa que un dios, el dios cristiano de toda la vida. En su continuo juego de malabarismos, cuando se pone sobre la mesa la imposibilidad de que ese ente esté al margen de las leyes naturales, como buenos teólogos disfrazados de científicos, toman la senda más rápida, como es afirmar que ese ente está al margen de las leyes naturales pues es anterior a las mismas, es más, es el generador justamente de esas leyes y principios que rigen nuestras pobres vidas mundanas, leyes de las cuales está exento de cumplir tal ser superior.

“¿Está Dios sujeto a las leyes? Pues no, cualquiera que fuera la causa de originó el universo, incluso en el caso de que no fuera un dios, tal causa no está sujeta a las leyes naturales que gobiernan el universo desde su inicio (…) Porque las leyes naturales necesitan una causa para existir y esa causa es necesariamente sobrenatural. La naturaleza no puede haber sido originada por causas naturales porque no hay causas naturales en ausencia de naturaleza”.

Aquí reside la trampa. No hace falta demostrar científicamente la existencia de esa fuerza, ente o dios primigenio, solo deducir su existencia a partir de la huella que ha dejado en la vida, pruebas que son interpretadas para que se ajusten a ese ser que han ideado que, como afirman, está por encima de las leyes naturales. Un claro ejemplo de argumentación circular, y todo ello para evitar de cualquier manera decir que están hablando de un dios. Aunque los creacionistas tienen una clara predilección por el uso del lenguaje cientificista, no aplican nunca el propio método científico pues no buscan estudiar y demostrar la cuestión central de su supuesto campo de estudio, esto es, el origen de ese ser, de esa fuerza todopoderosa y omnisciente. Sin embargo, ese no es el caso, remitiendo en todo momento a vagas expresiones en el sentido de que su existencia es impepinable y no necesita de demostración, o las más de las veces, simple y llanamente ignorar la cuestión.

“Usted me pregunta ‘¿Y quién creó al creador?’ ¿Quiere realmente saberlo? Me parece que no. Usted no cree que exista un creador-del-creador y yo tampoco creo que exista ningún creador-del-creador. ¿Por qué entonces me pregunta usted acerca de alguien en el que ninguno de los dos creemos? Mire, se lo digo de otra forma. Usted no cree en las hadas y yo tampoco. ¿No le parecería absurdo que usted me preguntara sobre el color de las alas de las hadas en las que ni usted ni yo creemos? Bueno pues lo mismo pasa con el creador-del-creador. (…) ¿Pregunta usted de dónde proviene Dios? Yo le responderé de dónde salió Dios si usted me responde a esto: ¿Cómo es que un ateo que cree que no existe cierta Persona quiere saber de dónde salió esa Persona inexistente? Una entidad inexistente no puede provenir de nada”.



Como entre los practicantes de la religión judía, para los creacionistas modernos, dios es el innombrable, no porque sea pecado, sino porque eso supone derribar el escudo tras el cual se esconde el verdadero objetivo de toda su argumentación, que no es otra cosa que fortalecer, por medio de una neolengua, la religión. Y ahí entra en juego otra característica de los neocreacionistas y defensores del diseño inteligente: el carácter ecuménico de su postura. Al no hablar de un dios en concreto, este posicionamiento es válido tanto para un musulmán, un judío, un budista, un animista o raeliano, por solo citar algunas de las múltiples creencias que pululan por el mundo. La ciencia es universal y ellos pretenden, con su cruzada, crear una argumentación a favor de la divinidad de aplicación universal, aunque los principales defensores de estos planteamientos son todos cristianos y tienen en mente al dios cristiano.

“Puesto que me pide que le explique lo que creo intentaré hacerlo de forma breve pero completa: Yo creo en la teoría del Diseño Inteligente, esta teoría dice que ciertas características del mundo natural indican un origen inteligente.”

Sin embargo, cuando se rasca un poco la superficie aséptica y científica en la cual parecen querer llevar el debate, y se cuestiona el núcleo central de su pensamiento, esto es, la existencia de ese ente superior, rápidamente saltan las costuras de la contención y del supuesto cientificismo que defienden:

“El método científico no se aplica a la naturaleza de Dios porque Dios no es observable físicamente. Sin embargo el método científico sí se aplica a las obras de Dios, es decir el universo. La ciencia es el estudio de la obra de Dios y por eso revela la existencia de Dios. ¿De dónde vino Dios? Pues de ninguna parte. Es como si me pregunta ¿con quién está casado el soltero? (…) La huellas que la ciencia desvela indican un diseñador inteligente. Muchos de los que vemos estas huellas razonamos que ese diseñador es el Dios de la Biblia. Pero no es la ciencia la que muestra la existencia de Dios sino la razón basada en los descubrimientos científicos”.

¿Puede ser más explícita esta declaración de principios y del fin último del denominado como Diseño Inteligente?


La evolución, una compañera de viaje

Los creacionistas están utilizando la propia teoría de la evolución como palanca para demostrar que la vida ha sido creada y guiada por una fuerza externa a la naturaleza. Esta situación, que solo puede ser calificada como una paradoja, no supone ninguna contradicción para un defensor del diseñador inteligente pues plantea que una vez creada la vida, esta fue evolucionando a su libre albedrío hasta el momento en que este agente exterior decide intervenir para modificar tal línea de ADN, cambiar algún órgano específico o eliminar tal especie. Y aquí entra en liza una de sus argumentaciones predilectas como es que la edad de la Tierra no es lo suficientemente longeva como para dar lugar a la gran variedad de especies y su complejidad, y que por tanto, la evolución no ha podido hacer su trabajo de manera independiente, necesitando necesariamente la intervención de un agente externo, justamente ese ente que ha creado la vida, el universo y todo lo demás. En este caso no se refieren a la corriente teológica de la creación del Planeta hace 6.000 años, sino que aceptan que la Tierra tiene aproximadamente 5.000 millones de años, pero que ese tiempo no es suficiente para explicar esta diversidad de la vida.

“Sí. Los creacionistas creemos en la evolución. ¿Eso le extraña? ¿Qué se piensa usted que es el creacionismo?”

Esto da lugar a una situación, cuanto menos, contradictoria, pues aunque parecen utilizar la teoría de la evolución, en todo momento están empeñados en demostrar que tal teoría es falsa pues no explica en sí la transformación de la vida. De ahí que se empeñen, con Michael Behe a la cabeza, en buscar esa prueba irrefutable de la existencia de ese diseñador inteligente por medio de lo que acuñó ya Paley a principios del siglo XIX, el principio de irreductible complejidad, que manifiesta que en la naturaleza existen elementos de extrema complejidad que no pudieron surgir con la evolución lenta y acumulada de pequeños cambios de sus partes pues de manera independiente no tienen estos componentes ninguna utilidad y, por lo tanto, se infiere que un ente diseñó tal elemento. Para demostrar la existencia de esta irreductible complejidad, los creacionistas emplearán como punta de lanza tres elementos, como son el ojo, el proceso de coagulación sanguínea y la existencia del flagelo bacteriano. Veamos cada uno de los casos planteados.

El ojo, sobre todo el ojo humano, tiene un largo recorrido como argumento a favor de la existencia de dios pues ya William Paley se había extasiado ante la complejidad de su diseño. Michael Behe, en su primera formulación del Diseño Inteligente, retomará este ejemplo, aunque con el paso de los años, ha dejado de emplearse, al menos en los foros y debates en donde haya presencia de médicos y biólogos pues la ciencia ha demostrado claramente los errores existentes en este supuesto “diseño” exprofeso, consecuencia estos errores del efecto acumulativo de la evolución, o la existencia en la naturaleza de otros órganos visuales mucho más complejos y desarrollados que el del ser humano, como ocurre con el de los cefalópodos. Sin embargo, por su carácter efectista, no dudan en sacarlo a la palestra en cualquier momento en que consideren que el público no está capacitado para rebatir esta supuesta perfección reflejo de la mano de dios en su creación.

“Parece que usted es de los que todavía cree que el ojo es producto de la evolución. Yo le propongo que examinemos las evidencias científicas y que sacamos conclusiones a partir de ellas. ¿Cuándo aparecen por primera vez los ojos en la historia de la vida? Pues aparecen en el Cámbrico. ¿Son ojos sencillos o complejos? No son nada sencillos, los trilobites muestran ojos compuestos, una visión que se ejecuta en base a un complejo sistema. ¿Existen en los estratos inferiores al Cámbrico una sucesión de especies que partiendo de un individuo sin ojos evolucionan éstos de forma gradual? No. Los primeros ojos del registro fósil son ojos completamente ojos. ¿En qué hecho se basa usted para afirmar que los ojos de los trilobites evolucionaron a partir de individuos que carecían de ellos?”

La coagulación de la sangre durante mucho tiempo intrigó a la comunidad científica por la complejidad de su funcionamiento y el número de procesos biológicos que interviene en la misma. Este hecho, esta complejidad, fue esgrimida por los creacionistas como claro ejemplo de complejidad irreductible, de tal manera que la coagulación no podía existir sin que todos estos procesos se crearan a la vez. Aquí surge otra de las características del Diseño Inteligente como es que siempre recurre a argumentación de la ignorancia, esto es, como el mundo científico no ha logrado explicar tal proceso pues desconoce sus partes o cómo surgió, entonces este hecho es interpretado por medio de la intervención divina. Dicho de manera coloquial, es como si nos encontramos un billete de 500 euros en la calle y, como no sabemos cómo y por qué está ahí, decimos que ha sido puesto por dios. Sin embargo, al igual que ocurriera con el ojo humano, la investigación científica, paso a paso, ha demostrado cómo se produce este proceso natural y cómo las partes que intervienen en el mismo han ido evolucionando con el tiempo, sin que ninguna dependa de la otra en su surgimiento. En este caso, es muy interesante este argumento creacionista pues en 2005, cuando la Corte Federal de Pennsylvania juzgó la demanda de un grupo de padres contra la decisión de la Junta Escolar de Dover de incluir, en igualdad de condiciones, la explicación del Diseño Inteligente como contrapunto de la evolución, durante la vista oral, Michael Behe actuó de perito de la defensa utilizando justamente la coagulación como ejemplo de irreductible complejidad siguiendo la línea argumental que había desarrollado en 1996 en su libro La caja negra de Darwin. Pues bien, en sus conclusiones, el juez del caso John E. Jones, afirmaría:

“El profesor Behe fue preguntado respecto a su declaración de 1996 de que la ciencia nunca encontraría una explicación evolutiva del sistema inmune. Se le presentaron cincuenta y ocho publicaciones a nivel académico, nueve libros, y varios capítulos de libros de texto de inmunología sobre la evolución del sistema inmune; sin embargo, él simplemente insistió en que esto todavía no era suficiente evidencia de la evolución (…) Por tanto hallamos que la declaración del profesor Behe a favor de la complejidad irreducible ha sido refutada en artículos de investigación académica y ha sido rechazada por la comunidad científica en general”.



Ante estos dos fracasos científicos, los creacionistas han centrado su argumentación al campo de la genética y los microorganismos, en donde de nuevo utilizan arteramente los desconocimientos científicos para apuntalar sus interpretaciones, ocupando un lugar preeminente como ejemplo de irreductible complejidad, entre otros por el desacreditado Behe, la existencia del denominado flagelo bacteriano, que no es otra cosa que uno de los muchos sistemas de motilidad de dichos organismos. La argumentación se basa en que es un órgano extremadamente especializado como para haber surgido por efecto de la agregación de la evolución y, por tanto, el supuesto Diseñador Inteligente tuvo que intervenir en su creación. Y de nuevo vemos cómo comienzan a desplegar toda una jerga científica buscando impresionar a los legos en estas cuestiones, con un uso muy interesado de analogías con el mundo macroscópico, no tanto para clarificar conceptos sino para resaltar la complejidad irreductible de tal elemento. Así, vemos circular en sus argumentaciones, expresiones como “nanomaquinaria molecular”, “motor fueraborda”, etc. dando la impresión, con estas analogías, que estamos ante una maquinaria construida por una inteligencia superior.

“Desde 1997 hasta hoy se ha descubierto que la mayoría de los procesos intracelulares se deben a robots en miniatura que la célula fabrica. Un ejemplo concreto es el motor fuera borda que usa la bacteria E. Coli para desplazarse en un medio acuoso. La bacteria construye su motor rotatorio (el mismo motor usado en los Mazda RX) pieza a pieza (más de 2.000 piezas) que luego ensambla una a una siguiendo unos pasos escritos previamente en su ADN. El motor del flagelo bacteriano es un ejemplo de nanomaquinaria molecular”.

“Antes de que existiera el primer motor tuvo que existir la idea, el concepto en la mente de algún ingeniero. Eso es algo en lo que todos estamos de acuerdo. El motor no nació al ensamblar las piezas sino que nació en la mente del ingeniero que lo concibió. De la misma forma el motor bacteriano no nació con la primera bacteria sino que fue concebido previamente. Pero ¿qué mente podría haberlo concebido si en aquel tiempo no había seres humanos? Tuvo que ser una mente no material la que concibió el primer motor de la historia de la Tierra”.

Sin embargo, de nuevo los creacionistas se han tenido que enfrentar con toda la comunidad científica que, como en el caso de la coagulación sanguínea, vuelve a demostrar que el flagelo no es un órgano de complejidad irreductible ya que existe un sistema similar, el sistema secretor SSTT, empleado por las bacterias para inyectar las toxinas a través de las paredes celulares. Pues bien, este sistema, más simple, está constituido por proteínas homólogas a la porción basal del flagelo, de tal manera que ya no se cumple el principio básico de que cualquier sistema de complejidad irreducible, a saber, que no puede existir si falta alguna de sus partes. Para solventar este problema, tiran los creacionistas justamente de la teoría de la evolución para explicar que el órgano Tipo III (TTSS) es una degeneración del famoso “motor”, de tal manera que la evolución, según ellos, no puede crear este sistema sino sólo “degenerarlo” (ojo con la carga peyorativa del término, no evoluciona sino que se corrompe) determinando, sin pruebas, una secuencia generativa que va del flagelo al sistema Tipo III (TTSS).

“Pregunta usted ¿qué pasa con el sistema secretorio Tipo III (TTSS) similar a un flagelo? Pues la respuesta es que el sistema SSTT es resultado de un proceso degenerativo, no de un proceso creativo de algo estructuralmente nuevo, hablando cualitativamente, que no existiera ya inicialmente”.

Este nuevo escollo, producto del avance de la ciencia, a su argumento estrella ha llevado a los creacionistas a reaccionar buscando apuntalar su edificio por medio, en este caso, de las matemáticas, proponiendo todo un aparataje de cálculos de probabilidades para demostrar la imposibilidad de que en el tiempo que ha existido la vida en el planeta, pudiera darse la posibilidad de que se generara el flagelo. Seguirán en este punto los trabajos del creacionista William Dembski quien ha llegado a estimar que las probabilidades de creación del flagelo es de 10-1170, una probabilidad imposible, sobre todo si se tiene en cuenta, en comparación, que el número de átomos del universo se ha estimado entre 10-77y 10-80. Sin embargo, estos cálculos no son más que simple ejercicio erudito que deja una profunda impresión en un foro no especializado pero que numerosos matemáticos y biólogos han puesto en solfa. Como demuestra la biología, por ejemplo, la probabilidad de que una bacteria adquiera resistencia al antibiótico estreptomicina es de 4X10-16 (cuatro entre diez mil billones); y sin embargo, cuando ponemos en una cápsula de Petri bacterias en contacto con este antibiótico, a los pocos días tenemos un cultivo de 30 mil millones de bacterias resistentes a la estreptomicina.

“La complejidad irreducible es el criterio que propuso Darwin para falsar su teoría. El reciente descubrimiento de las máquinas moleculares confirma que la evolución de Darwin es falsa. La ciencia nos libera de los dogmas”.

“Darwin dijo que el día que encontráramos un órgano que no puede haber llegado a formarse de forma lenta y gradual podríamos estar seguros de que su teoría es falsa. Ahora la ciencia (no Behe) ha descubierto que el metabolismo celular se lleva a cabo mediante máquinas que no pueden formarse de forma gradual y lenta porque en los estadios iniciales no aportan ninguna ventaja evolutiva al organismo. En definitiva el criterio de falsabilidad indicado por Darwin se ha cumplido. Su teoría es errónea si se la juzga por sus propios criterios”.

Si los creacionistas fueran coherentes con su propio método, la demostración de la falsedad de esos ejemplos de complejidad irreducible, como ocurrió en su momento con la coagulación o el ojo humano, y que en la actualidad está desmontando el argumento del flagelo, tendría que conllevar la conclusión de que el diseño inteligente es falso. Como siempre, cuando se avanza en la investigación y se amplía el conocimiento, se desvelan los supuestos misterios en torno al origen y funcionamiento de los organismos naturales, entrando en descrédito toda esta falsa ciencia que parte del desconocimiento filtrado a través de un dogma de fe como es la existencia de dios y su intervención creadora. Este es el neocreacionismo que en los últimos tiempos está intentando asaltar las escuelas desde las cátedras de algunas universidades, buscando volver a la explicación teológica en vez de racionalista de la vida y su existencia.

Por: Alexis Rodríguez
Publicado en el número 309 del periódico anarquista Tierra y libertad (abril de 2014)

Fuente:
http://www.portaloaca.com/articulos/ateismo/8839-creacionismo-diseno-inteligente-y-patranas-religiosas.html

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Los círculos viciosos de Dios. 
Destrucción atea del diseño inteligente


El argumento del diseño no es sólo cosa de protestantes o musulmanes, sino que afecta al núcleo de la teología natural, central para la Iglesia Católica. Destruimos ese argumento señalando 6 círculos viciosos en los que incurre quien cree poder usar con sentido la idea de Dios.

«El mono y la mona producen monitos, hasta hoy». Este fue el principal argumento esgrimido por el «niño predicador» contra la teoría de la evolución biológica allá por el 2007, cuando el vídeo de su espectáculo se convirtió en viral. El público que escuchaba la prédica del pequeño peruano en un coliseo de San Juan de Puerto Rico alquilado por una iglesia evangelista reía, aplaudía y se retorcía elevando las manos al cielo en pleno trance, como si la frase de los monitos les hubiera elevado al éxtasis y puesto en contacto con el Espíritu Santo. O, ya que hablamos de teorías y doctrinas, directamente con la mente de Dios, más sabia y buena que la de los «teólogos y científicos modernos que dicen que somos de la evolución, que somos parientes del mono, ¡que somos de la nada!»

Nezareth Castillo ya no es un niño, pero sigue haciendo giras por toda América y convirtiendo a sus oyentes a la evidencia creacionista. Igual que él, decenas de charlatanes predican en español y en inglés que la palabra de la Biblia vale más que la del Origen de las especies. Lejos de ser una rareza, estos grupos se suman a una lucha encarnizada librada durante décadas por fundamentalistas cristianos empeñados en sacar a la teoría de la evolución de las aulas estadounidenses o, conforme perdían fuerza, enseñarla en pie de igualdad junto con la doctrina creacionista. Y no pensemos que es cuestión que sólo afecta a sectores de la población sin educación alguna. Por ejemplo, el libro reciente de Owen Gingerich (God’s planet, Harvard University Press, 2014) viene a engrosar el género de astrofísicos metidos a teólogos; y el aún más reciente de Helen de Cruz y Johan de Smedt (A natural history of natural theology, MIT Press, 2015) argumenta que las vías de la teología natural son resultado de nuestros dispositivos cognitivos. Aunque los autores no dicen por ello que la idea de Dios sea innata en nuestras mentes, se quedan cerca (y la sospecha está justificada puesto que los autores conocen el argumento de que, si la idea de Dios existiese, Dios mismo tendría que existir).

Desde los 90, algunos de estos creacionistas con estudios decidieron camuflar todo tufillo religioso a la hora de emprender su batalla por la educación con vistas a evitar argumentos legales en contra: la doctrina del Diseño Inteligente, dicen los intelectuales amalgamados en torno al Discovery Institute, no dice nada de cómo sea el diseñador ni supone un dios religioso, sino que simplemente postula la necesidad de una inteligencia creadora para explicar los fenómenos de desarrollo de formas orgánicas complejas.

Más allá de la estrategia, el argumento apunta a la tradicional distinción entre teología dogmática y teología natural y, por tanto, entre el Dios de la revelación y el Dios metafísico. Y aquí tenemos el primer círculo vicioso. Porque, supuesto que los defensores de la teoría del diseñador inteligente pudieran demostrarla, ¿por qué llamar Dios a ese demiurgo inteligente? Es decir, ¿qué tienen que ver el Dios del niño predicador con el diseñador del Discovery Institute? Aquí está el círculo: solamente suponiendo al Dios mitológico puede hacerse corresponder con él el Dios metafísico. Es más, solamente partiendo de la idea de un Dios mitológico cabe imaginar la existencia de un demiurgo que mantenga atributos personales como el de la inteligencia.



El problema es complejo y afecta al significado mismo del significante «Dios». Porque lo cierto es que ninguna de esas dos ideas de Dios, la dogmática y la natural, tiene un sentido único. Por un lado, es evidente que existen tantos dioses revelados como religiones positivas, lo cual basta para romper la unicidad de la idea. Además, la idea mitológica de un Dios superior a todos cuantos pueblan el panteón de un determinado pueblo y que es propia de la(s) teología(s) dogmática(s) es monoteísta sólo propagandísticamente, puesto que se trata más bien de un monolatrismo, una limitación política del culto para restringirlo solamente al Dios más poderoso. Y ese núcleo mitológico acompañará a los dioses monoteístas en la fase terciaria de las religiones, que no es sino la formalización filosófico-teológica de esas mitologías. Si se desprendieran de ese núcleo, los dioses monoteístas dejarían de ser religiosos y pasarían a identificarse con el Dios de los filósofos sistematizado por Aristóteles, abrazado por los ilustrados, y despreciado por Lutero y por Pascal. El Dios sin barbas, ajeno al mundo, a los hombres, y a sus rezos. Es un puro círculo vicioso (el segundo) suponer que los dioses superiores de las diferentes religiones dan lugar a una única idea Dios.

Por otro lado, y continuando el argumento, el Dios metafísico no es más unitario que el mitológico. Ya Francisco Suárez advertía de un tercer círculo vicioso: nada garantiza que los entes que Santo Tomás derivaba de cada una de sus cinco vías fueran el mismo. Nada garantizaba, por tanto, el «le llamamos Dios», con que el Doctor Angélico coronaba cada una de sus cinco «demostraciones». Si el ateísmo existencial se dirige a los dioses mitológicos intermedios y supremos (Zeus, El, Yaveh, Alá, Cristo, Assur…), el esencial niega el Dios metafísico. Y lo hace precisamente señalando la imposibilidad de su idea, a la que se llega regresando desde los fenómenos del mundo a una serie de ideas límites autocontradictorias, contradictorias entre sí e incompatibles con esos mismos fenómenos del mundo. Por poner un ejemplo clásico de cada uno de estos tipos de contradicción: ¿cómo puede tener Dios atributos personales como la voluntad o la inteligencia, que son fenómenos de corpóreos y biológicos y que le vienen dados por vías mitológicas, y al mismo tiempo ser un ser metafísico fuera del mundo?; si Dios es omnipotente y bueno a la vez, ¿cómo puede ser que exista el mal en el mundo?; por último, ¿cómo compatibilizar la infinitud de Dios con la finitud del mundo sin caer en el panteísmo?

Rota la supuesta unidad respectiva de las ideas mitológicas y filosóficas de Dios, parece todavía más audaz la tarea de los defensores actuales de la teoría del diseño inteligente. Porque ahora la estrategia de la que hablábamos antes parece más bien un salto mortal: primero tienen que probar que hay un diseñador inteligente y después identificar a ese ente con el Dios de los fundamentalistas cristianos o musulmanes que los financian. Este salto, no nos engañemos, lo debe realizar todo teólogo natural. Por volver a Santo Tomás y sus críticos, ¿quién garantiza que, supuesta la eficacia de las cinco vías, el Dios resultante no es el del deísmo más seco y a-religioso sino el Dios trinitario de la Iglesia católica apostólica y romana? La revelación. La mayor parte de los creyentes católicos ignoran la proclamación del tomismo como doctrina oficial de la Iglesia. Y, al fin y al cabo, muchos católicos hubo antes de que teólogos como San Agustín (de la mano de Platón) o San Alberto Magno (de la mano de los comentadores musulmanes de Aristóteles) desarrollasen la teología natural como doctrina de la Iglesia. Pero incluso aquellos católicos que conocen los argumentos teológico-naturales tienen constantemente que abandonar la racionalidad de las vías demostrativas y apelar a la Palabra, a la racionalidad mitológica.

Un ejemplo significativo nos lo da el teólogo católico, colaborador de El Catoblepas, y profesor de filosofía en la Universidad Católica San Antonio de Murcia Desiderio Parrilla Martínez, que en marzo del 2015 participó en una [mesa redonda organizada por la Fundación Gustavo Bueno en torno al diseño inteligente. Tan brillante como estratégicamente, Parilla ofreció una argumentación histórico-filológica destinada a interpretar por vía no agustiniana (no protestante o «americanista») la quinta vía de Santo Tomás, conocida precisamente como argumento del diseño. Parrilla trató de tranquilizar al público materialista dando a entender que su condición de católico no quitaba un ápice de racionalidad filosófica a sus ideas sobre Dios. Pero la idea de Dios de Parrilla, como católico, necesita del salto mortal a la mitología. La prueba es que ante otros públicos menos impíos, como los comúnmente llamados kikos, Parrilla no se sonroja al escribir: «El carisma que Dios ha concedido al camino neocatecumenal es precisamente este celo ardiente por la Nueva Evangelización para la sociedad global de tercer milenio. El Señor ha concedido unas raíces vigorosas y potentes, necesarias para robustecer esta planta evangélica cuya misión será ponerse al servicio de la Iglesia universal para evangelizar a todas las gentes. Dios concede instrumentos fuertes para misiones fuertes. Y la misión del Camino Neocatecumenal en esta coyuntura histórica no puede ser más audaz: cumplir el mandato de derecho divino de llevar el Evangelio a toda criatura (Mc 16, 15).»



Aún más: la idea de Dios de la quinta vía de Santo Tomás no es menos mitológica que la de los neocatecumentales. En palabras de Gustavo Bueno: «el Dios arquitecto o el Dios relojero, que está en la base, sin duda, de la argumentación teológica "civilizada" (la quinta vía tomista) para probar la existencia de Dios, es una argumentación morfológica (y no propiamente ontológica) de nulo contenido filosófico. El proceso que conduce al demiurgo es (suponemos) un automatismo fruto de una mera analogía categorial, basada en la equiparación de los ríos, las montañas o los astros, o del propio hombre, con los artilugios creados por el hombre mismo. Si el ecosistema fuera equiparable a un edificio, o a un reloj, o a un cuadro pintado, o a una sinfonía, habría que poner detrás a algo así como un arquitecto, un relojero, un pintor o un músico. Pero el supuesto que desencadena el argumento es sólo una metáfora superficial (por no decir, infantil o salvaje); una metáfora que además pide ya el principio del demiurgo, porque un reloj sin relojero no sería un reloj, una sinfonía sin compositor no sería sinfonía, &c…Esto nos lleva a retirar la consideración de argumentación filosófica a lo que no es sino un razonamiento estrictamente mitopoiético, propio de los pueblos bárbaros, el que conduce al Dios demiurgo.»

He aquí por tanto el cuarto círculo vicioso: sólo podemos entender como diseñadas las cosas del mundo, por ejemplo las formas orgánicas complejas, cuando hemos partido del supuesto de un diseñador. La quinta vía por tanto se basa en una analogía, si, pero puramente mitológica.

Estamos ya en condiciones de volver sobre el supuesto simple del diseño: que las morfologías de este mundo, y en especial la vida, no se pueden explicar sin un diseñador inteligente. Supongamos que fuera cierto que las formas orgánicas no pueden explicarse por vía científica y centrémonos en la pregunta: ¿son viables las explicaciones que echan mano de un diseñador inteligente? Si el diseñador inteligente es entendido como demiurgo incorpóreo, cosa que sólo ocurre en versiones muy avanzadas de las religiones llamadas monoteístas, no puede ser tomado como explicación científica. Sencillamente porque los términos y referenciales de las ciencias son siempre cuerpos, puesto que sólo así pueden ser objeto de las operaciones de los sujetos gnoseológicos. O sea, que apelar a un espíritu incorpóreo es más una solución ad hoc que una explicación efectiva. Pero la cosa es aún más grave. El materialismo niega de plano la posibilidad de un espíritu incorpóreo: la vida psíquica, la inteligencia, es tan biológica como la vida trófica y sexual, de las que deriva y depende. Por tanto, apelar a la inteligencia para explicar la vida es caer en un circulo vicioso irremediable. El quinto.

Pero supongamos que aceptamos los anteriores argumentos viciados y admitimos que un diseñador inteligente es una explicación viable. ¿Qué explica? Recogiendo la crítica de Aristóteles a la teoría de las ideas de Platón, explicar las formas del mundo por unas formas separadas que existen en un mundo uránico (o en la mente de Dios) es antes duplicar el problema que solucionarlo. El sexto círculo vicioso del Dios providente y diseñador es que sólo explica las formas del mundo si previamente se han postulado en la mente de Dios.

A estas alturas, está claro que estos círculos viciosos no son de Dios, que no es más que una pseudoidea. Es decir, no es que Dios no exista, es que no existe ni tan siquiera su idea. Los círculos viciosos lo son de la teología natural y sus versiones contemporáneas del diseño inteligente.

Una vez destruido el diseño inteligente, podemos volver al problema que plantean sus defensores, la dificultad de explicar las formas orgánicas complejas, y la vida en general, por parte de la biología. Ésta seria materia para otro artículo y aún varios libros. Aquí basta con señalar que negar las pseudoexplicaciones teológicas no significa caer en el cientifismo, en la idea de que las ciencias agotan la realidad. No tratamos aquí de oponer las barbas de Darwin a las de Dios Padre. Esto es lo que hace, por ejemplo, Stephen Hawking en su libro El gran diseño (2010), cuyo título es ya una declaración de guerra. No hace falta diseñador, dice el astrofísico-celebrity, porque los fundamentos del mundo están en las leyes de la física, que ya existían cuando sólo había Nada, flotando en el vacío a la espera de entrar en acción. Sólo hacía falta un salto cuántico en aquella nada física, y esas leyes bastarían para explicar el resto. Pero esto es poco más que un creacionismo redivivo donde, al igual que en el sexto círculo vicioso teológico, se quiere explicar el mundo postulando leyes que sólo tienen sentido dentro de ese mismo mundo.

La filosofía materialista tiene en cuenta la verdad de los resultados de las diferentes ciencias, pero a la vez reconoce que ideas como la de vida o la de teleología desbordan el ámbito de las ciencias. La biología molecular es capaz de regresar a los elementos constitutivos de la vida, pero para hacer el camino de vuelta de esos elementos a las formas orgánicas hay que suponer otras materialidades no agotadas por la biología. Sólo así puede evitarse la idea de emergencia creadora, heredera de la idea creacionista de «nada». El materialismo también es circularista, en el sentido de que sabe que las explicaciones siempre dan por supuesto el punto de llegada, el mundo de los hombres a escala antrópica en la que lo percibimos y en la que operamos. Pero, a diferencia de la teología, se cuida mucho de postular entidades mitológicas o metafísicas, que no son sino falsas soluciones. Los fundamentos del mundo no son externos a él, sino que son múltiples, diversos y mutuamente irreductibles.

Fuente:
http://www.nodulo.org/ec/2015/n159p08.htm



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Ver: 
La Farsa del “Diseño Inteligente”
“La teoría del Diseño Inteligente es religión, no es ciencia”
(Revisión de publicaciones Parte I)

Ver:
15 Respuestas a las tonterías Creacionistas

Ver
La Farsa del “Diseño Inteligente”
“La teoría del Diseño Inteligente es religión, no es ciencia”

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10 Alternativas a la Evolución.

Ver:
Mi visita al Museo Argentino de Ciencias Naturales
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Más de 100 Imágenes divertidas sobre el "Diseño Inteligente" y el "Creacionismo"


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Richard Dawkins



lunes, 19 de septiembre de 2016

Dios y su misericordia con los hambrientos (Las Atrocidades de Dios)




Tengo que insistir en el asunto...

Mi diminuto cerebro es incapaz de comprender como hacen los cristianos para decir, repetir y creerse eso de que "Dios es amor, ternura y comprensión", cuando la biblia nos muestra un Dios atroz, cruel, asesino e inmisericorde. Y no hablo de versículos ocultos o rebuscados, son versículos muy evidentes donde el "lado oscuro de Dios"  se muestra claro y brillante.

Y le recuerdo también que dios es INMUTABLE...  es decir,  que nunca cambia y que es el mismo por los siglos de los siglos. Por lo que no aplica la excusa "ahhh,  ese era el Dios del Antiguo testamento,  Dios es ahora más bueno que un gorrioncito" 

La historia que veremos a continuación es una que probablemente el lector cristiano ni siquiera la conozca y que la religión a la eligió pertenecer, le ha sabido ocultar. Esta historia es de las peores que se pueden encontrar sobre el comportamiento violento, maniático y caprichoso de Dios. Podrá notar lo "malo y cruel" que puede ser su Dios de amor.

Como siempre, recomiendo que usted mismo tome su biblia y revise por su cuenta los versículos involucrados.  No vaya a creer que son locuras mías de Ateo y que me lo estoy inventando todo. 

En este caso, el Libro de Números y su capitulo 11.

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Hagamos un poquito de memoria...

Dios no podía permitir que su set de muñequitos de barro preferidos (Los Israelitas) fuesen esclavos de esos odiosos Egipcios con sus dioses polimórficos. Así que envió a su empleado (Moisés) a liberarlos de la esclavitud y llevarlos a la tierra prometida (donde brota la leche y la miel y los impuestos son bajos)... Y así lo hizo. Después de muchos trucos de magia,  asesinar niños inocentes y atravesar por el lado bajito del rio; al fin los Israelitas van camino a su tierra donde nadie los molestará ni serán atacados nunca jamás.

Pero...

Eso de llevar cerca de un millón de personas a través del desierto, no es cosa fácil. La gente sufre de algo llamado "hambre",  secuela de la enfermedad que sufrió un tal Adán al intoxicarse por comer manzanas.

Pero Dios, que es todopoderoso y que en su omnisciente tenía todo milimétricamente calculado... Se le olvidó ese detallito: alimentar a miles de personas. Y claro,  para solucionarlo recurre a la magia y los poderes sobrenaturales.

Hace aparecer "Maná" (no el grupo musical caído en desgracia los últimos años)... Sino una especie de alimento que milagrosamente aparece todas las mañanas en el suelo y que si lo tocas un sábado se transforma en gusanitos.

¿A qué sabe el Maná?... Ex 16,31 nos dice que: "era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel".

Ok, miel está bien.. Pero, ¿culantro?... ¿Lo ha probado amigo lector?... ¡Es amargo!!!

Pero no se alarmen, eso es para el desayuno. En las tardes le envía codornices. Ex 16.8: (unos pajaritos chiquitos de carne dura y que tienes que comerte unos 20 para medio llenar el estómago) 

Imagínese ésta dieta todos los días por 40 años mientras usted camina por el desierto a pleno sol, con cargamento y sus hijos molestando a cada rato preguntando: ¿falta mucho? ¿Ya vamos a llegar?

¿Se quejaría usted?

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Esos quejicas Israelíes. 

Números 11.1  

Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.

¡Y claro que se quejan!!!

Ellos saben que Dios es todopoderoso, que si dios lo desea convertiría las piedras del camino en suculentas albóndigas y la lluvia en cerveza de calidad (no esa porquería nacional)... Pero no, dios en su magnificencia les envía una escarcha agridulce y unos pájaros duros...  Y para colmo les dice que deben estar agradecidos.

Y a Dios no le gustan las quejas ni el anarquismo. Y como ya es común en el, todo lo quiere resolver con fuego y quemando todo a su paso. 


Nu 11.2,3
 2 Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió.
3  Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos

Y le reclaman a Moisés por ese pirómano Dios que les presentó. Moisés intercede y cesan los fuegos artificiales.

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¡Queremos carne! 


Num 11,4-9

4  Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!
5  Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos;
6  y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.
7  Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio.
8  El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo.
9  Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él.

Y el pueblo se sigue quejando. 

Quieren carne (parece que hay problemas con la distribución de las codornices todas las tardes). Ya están aburridos de ese maná. No tiene casi proteínas y produce acidez. Además, hay una curiosa contradicción: a veces el maná sabe a tortas de miel (Ex 16.31) y después sabe a "aceite nuevo" (Nu 11.8)... Parece que viene en varios sabores y presentaciones. 

Num 11,10-15

10  Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de Jehová se encendió en gran manera; también le pareció mal a Moisés.
11  Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?
12  ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres?
13  ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos.
14  No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.
15  Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.

Y...  Todos le fueron a reclamar a Moisés, ¡a la puerta de su casa!!!

Y se vuelve a enojar Dios (sin duda tiene problemas de control de ira; todo parece molestarle). Hasta tal punto que ni al mismo Moisés le parece bien tanta cólera y rabietas.

Y es ahora Moisés que le reclama a Dios más o menos de ésta manera :

- Dios, resuelve este asunto con la gente ya que vienen a romperme las pelot...  ¡A mi! O me buscas ayuda o mando todo al carajo.

Moisés,  en lugar de pedirle a Dios comida para su pueblo; más bien le pide que busque la manera de que no le jodan más la vida.  Parece que el líder israelí tiene muy claras sus prioridades. 


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Buscando ayuda


Num 11,16-17

16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo.
17  Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.

Dios en su omnisciencia parece entender el enojo de Moisés y decide darle ayuda de 70 ancianos dándoles un poco de los superpoderes que tenía Moisés.

Y tenemos aquí algo curioso. Dice Dios: "Y yo descenderé y hablaré allí contigo". Esto nos confirma que dios no es omnipresente ya que "necesita" bajar para hablar con Moisés. Y...  En el momento de decir ésta frase, ¿acaso no "descendió y está hablando con Moisés", o se comunican con teléfono celular? 

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Las promesas de Dios


Num 11,18-23

18 Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis.
19  No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días,
20  sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?
21  Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero!
22  ¿Se degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿o se juntarán para ellos todos los peces del mar para que tengan abasto?
23  Entonces Jehová respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no.

Y Dios dice: - ¿Quieren carne? ¿Quieren carne?... ¡Pues les daré carne para que coman y les salga por los oídos!!!

Moisés, que vio a Dios cumplir 10 plagas, abrir el mar y tantos portentos más, dice: -  Nahh, no tienes el poder para darles tanta carne.

¡Qué incredulidad y poca confianza la de Moisés para con su jefe!!!! 

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Repartiendo magia


Num 11,24-30

24  Y salió Moisés y dijo al pueblo las palabras de Jehová; y reunió a los setenta varones de los ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo.
25  Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron.
26  Y habían quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban éstos entre los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en el campamento.
27  Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento.
28  Entonces respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos.
29  Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.
30  Y Moisés volvió al campamento, él y los ancianos de Israel.

Esta parte es aburrida y de puro relleno: Dios baja y toma "el espíritu de profeta de Moisés" y lo reparte entre los 70 varones. Pero hubo dos anarquistas que recibieron el espíritu pero no entraron al tabernáculo a profetizar; y un joven y envidioso Josué (antes de convertirse en el célebre asesino) le fue con el chisme a Moisés, quien lo acusa de celoso y le da una patada en el... En fin,  nada que envidiar a una mala telenovela del medio oriente. 

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Alimentando al necesitado y...

Num 11,31-32

31  Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra.
32  Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del campamento.

¡Pero Dios cumple su promesa de darle carne a su querido pueblo!!!

Por arte de magia Dios trae "codornices de mar"... Y las deja al lado del camino. Los versículos no aclaran si los deja vivos, o atados con una cuerdita, o ya desplumados y rostizados,  no lo especifica. El caso es que el pueblo tiene a su disposición montones de codornices para hartarse comiendo. 

Num 11,33-35

33  Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande.
34  Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.
35  De Kibrot-hataava partió el pueblo a Hazerot, y se quedó en Hazerot.  

Y aquí viene la parte donde Dios se muestra una vez más como un asesino cruel e inmisericorde... Inclusive sádico y morboso. 

El Dios de amor,  espera a que el pueblo hambriento tenga, literalmente, la carne entre los dientes, y mientras mastican... Dios les envía una mortal plaga mientras se enciende de ira una vez más.

Imagínese esto, amigo lector.  Sus hijos le ruegan y suplican un poco de carne. Usted se las da; y mientras están comiendo y pensando "que buen padre tenemos", usted toma una metralleta y los asesina a todos mientras grita: - ¡mueran codiciosos,  mueran!!!!

¿Sería usted un buen padre?

¿Demuestra usted su amor, misericordia y compasión?

Evidentemente no. Simplemente deja muy en claro lo caprichoso,  delicado y asesino que en realidad es.

Recordemos que entre las personas que murieron mientras comían, seguramente había niños que simplemente se alimentaban gustosos y cayeron bajo la cólera del Dios de amor y muerte.

Menos mal que Dios es "tardo para la ira".  Porque sino...


También queda muy claro lo mentiroso y engañador que es el buen Dios que dice: "19 No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, 20 sino hasta un mes entero"

Dios le asegura que su amado pueblo comerá un mes entero carne. Pero...  a los primeros mordiscos, ¡Zaz!!!  Los asesina sin compasión. Dios no sólo es abyecto y criminal, sino que engaña y miente para hacer sus atrocidades más abominables. 

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¿Excusas cristianas?...  Muy pocas en realidad. La única que algunos suelen desesperadamente utilizar es:

- No, no, no!  ¿Como se te ocurre calumniar al amoroso Dios? Los versículos dicen que "hirió al pueblo con una plaga muy grande", en ningún momento dice que los mató; solo los hirió mientras descuidados comían. Algunos solo buscan desprestigiar a mi tierno Dios

No sé qué tan "amoroso" es herir a personas mientras comen. Pero después leemos:

34 Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.

"Sepultaron" significa que murieron. (a menos que sepulten personas vivas). Así que no hay excusas: Dios asesinó a personas mientras comían confiados y agradecidos del Dios que los asesinaría poco después.

Esta historia nos demuestra por enésima vez que Dios,  no sólo es un homicida sin escrúpulos, sino que actúa de forma muy traicionera engañando a personas con la promesa de alimento y en su lugar les envía la muerte con la "comida entre los dientes" como orgullosamente parece describir la biblia el evento.

Por eso, lo mejor para usted amigo cristiano lector, es que Dios en realidad no exista y sea solo un personaje de ficción. Ya que si de verdad existe, es sin ninguna duda un ser que reune características negativas y monstruosas que los peores personajes literarios siquiera pueden aspirar.